De madruagada, solo un tercio de la tripulación permanecia en cubierta, mar en calma cielo cubierto, casi sin viento nos arrastrabmos hacia la línea de llegada en la bahia de Palma. Escudriñábamos el horizonte a proa buscando el relieve escarpado serra de Tramontana o el perfil de la Dragonera, no se veía tierra.
Entonces la oímos, parecía el soplido de los frenos de un autobús, a unos 50 metros por estribor un remolino delató su presencia. Los trés, paralizados, manteníamos la vista fija en aquel punto y entonces salió, un lomo desmesurado dió paso a la cola con la que pareció saludarnos.
UNA BALLENA! gritamos al unísono.
- Una ballena, una ballena!! - gritamos a los que dormían bajo cubierta.
- Dejadnos dormir!! contestó alguien sin sacar la cabeza de dentro del saco.
El encuentro duró más de un cuarto de hora, en el trancurso del cual, el enorme cetáceo, de tamaño superior a nuestro 45 pies, pasó un par de veces boca arriba por debajo del casco.
Nádie llevaba una cámara fotogafica a bordo. Llamamos por radio al barco que nos precedía a media milla y ellos hicieron alguna foto desde aquella distancia.
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Yo la vi regresando de Ibiza en un velero (en realidad no habíamos llegado a Ibiza) pero muy fugazmente. Pobres animales, parece mentira que existan entre tanto barco.
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